—Hola, papá. Estoy muy contenta, pero muy cansada. He hecho muchas cosas esta semana. Primero, (abrir) todas las cajas de libros y los (poner) en las estanterías. Después (limpiar) toda la cocina; luego...
Papá:
—Pero, hija, ¿(tú) (tener) que hacer todo eso sola? ¿Por qué (tú) no me (llamar)? Tu madre y yo (acordarse) mucho de ti, y nosotros (decidir) que tú no debes vivir sola. Es muy peligroso.
Alicia:
—¿Por qué dices eso, papá? Esta mañana un vecino (venir) para presentarse y (él) me (decir) que esta parte de la ciudad es muy tranquila y muy segura.
Papá:
—Pues ese hombre te (mentir). Tu madre y yo (leer) en el periódico esta mañana que esa zona de la ciudad está llena de delincuentes.
Alicia:
—Pero, ¿(vosotros) No (recibir) la información que os mandé sobre esta ciudad? (yo) Os (escribir) una carta muy larga con los índices de crimen. . . Pero yo quiero decirte lo que (hacer) desde que (mudarse).
Papá:
—Lo siento, hija, pero tu madre y yo (acordar) que no es bueno que vivas sola. Además, tus hermanos (ver) el barrio donde vives y a ellos también les (parecer) peligroso.
Alicia:
(...)
—Papá, tengo que colgar el teléfono. Alguien llama a la puerta. Te llamo mañana. Hasta luego.