西语童话:El sapo (4) 癞蛤蟆
-Ahí tenemos un bonito ejemplar de sapo -dijo el naturalista. Voy a ponerlo en alcohol.
-Pero si tienes ya dos -protestó el poeta-. ¿Por qué no lo dejas tranquilo, que goce de su vida?
-¡Pero es horriblemente feo! -dijo el otro.
-Si pudiésemos dar con la piedra preciosa en su cabeza -observó el poeta-, también yo sería del parecer de abrirlo.
-¡Una piedra preciosa! -replicó el sabio-. Parece que sabes muy poco de Historia Natural.
-Pues yo encuentro un bello y profundo sentido en la creencia popular de que el sapo, el más feo de todos los animales, a menudo encierra un valiosísimo diamante en la cabeza. ¿No ocurre lo mismo con el hombre? ¿Qué piedra preciosa encerraba en sí Esopo? ¿Y Sócrates?
No oyó más el sapo, y aun de todo aquello no entendió ni la mitad. Los dos amigos siguieron su paseo, y él se libró de ir a parar a un frasco con alcohol.
«Hablaban también de la piedra preciosa -pensó el sapo ¡Qué suerte que no la tenga! ¡Menudos disgustos me produciría el poseerla!».
Oyóse un castañeteo en el tejado de la granja. Era el padre cigüeña que dirigía un discurso a su familia, la cual miraba de reojo a los dos jóvenes del huerto.