Aquel cementerio era frecuentado por efrits de la buena especie, efrits musulmanes y creyentes.Y por cacualidad, aquella noche,, una encantadora efrita volaba por allí, tornando el fresco, y vio a la luz de la luna al joven Hassán que estaba durmiendo, y observó su belleza y sus hermosas proporciones, y quedándose maravillada, dijo: “¡Gloria a Alah! ¡Oh, qué hermoso joven! ¡Cómo me enamoran sus hermosos ojos, que me figuro muy negros y de una blancura... !” Pero después pensó: “Mientras se despierta, voy a seguir mi paseo por los aires.” Y echó a volar, subió muy arriba buscando el fresco, y se encontró en lo más alto con uno de sus compañeros, un efrit también musulmán. Le saludó muy gentilmente y él le devolvió el saludo con mucha deferencia. Entonces ella le preguntó: “¿De dónde vienes, compañero?” Y él le contestó; “Del Cairo.” Y la efrita volvió a preguntar: “¿Les va bien a los buenos creyentes del Cairo?” Y el efrit contestó: “Gracias a Alah, les va bien.” Entonces la efrita le dijo: “Compañero, ¿quieres venir conmigo para admirar la hermosura de un joven que está durmiendo en el cementerio de Bassra?” Y el efrit dijo: “Estoy a tus órdenes.” Entonces se cogieron de la mano, descendieron juntos al cementerio, y se pararon delante de Hassán, dormido. Y la efrita dijo al efrit, guiñándole el ojo: “¿Eh? ¿Tenía yo razón?” Y el efrit, asombrado por la maravillosa hermosura de Hassán Badreddin, exclamó: “¡Por Alah! ¡No he visto cosa parecida! Después reflexionó un momento, y dijo: “Sin embargo, hermana mía, he de decirte que he visto a otra persona que puede compararse con este joven tan hermoso.” Y la efrita exclamó: “¡No es posible!” Y dijo el efrit: “¡Por Alah, que la he visto! Ha sido bajo el clima de Egipto, en El Cairo, y es la hija del visir Chamseddin” La efrita dijo: “Pues no la conozco.” Y el efrit le replicó: “Escucha. He aquí la historia de esa joven:
“Su padre, el visir Chamseddin, ha caído en desgracia por causa de ella. Habiendo oído el sultán de Egipto hablar a sus mujeres de la belleza extraordinaria de la hija del visir, se la pidió en matrimonio a su padre. Pero el visir Chamseddin, que había pensado otra cosa para su hija, se vio en una gran confusión, y dijo al sultán: “¡Oh mi señor y soberano! Ten la bondad de permitirme que me excuse, y perdóname por ello. Ya sabes la historia de mi pobre hermano Nureddin, que era visir conmigo. Ya sabes que desapareció un día, sin que hayamos vuelto a saber de él. Y el motivo de su marcha no pudo ser más leve.” Y contó al sultán detalladamente este motivo. Y después añadió: “He jurado ante Alah, el día que nació mi hija, que, ocurriera lo que ocrriera, no la casaría más que con el hijo de mi hermano Nureddin. Y han transcurrido desde entonces dieciocho años. Pero afortunadamente, he sabido hace pocos días que mi hermano Nureddin se había, casado con la hija del visir de Bassra, y que había tenido un hijo. Por lo tanto, mi hija, está destinada y escriturada a su primo, el hijo de mi hermanó Nureddin. En cuanto a ti, ¡oh mi señor y soberano! puedes elegir otra joven. El Egipto está lleno de ellas. ¡Y muchas son bocado de rey!”