En cuanto al visir Chamseddin, tío del pastelero Hassán Badreddin, transcurridos los tres días de descanso en Damasco, dispuso que levantasen el campamento del meidán, y continuando su viaje a Bassra, siguió el camino de Homs, luego el de Hama y por fin el de Alepo. Y en todas partes hacía investigaciones. De Alepo marchó a Mardin, después a Mossul y luego a Diarbekir. Y llegó por último a la cuidad de Bassra.
Entonces, apenas hubo descansado, se apresuró a presentarse al sultán de Bassra; que le recibió con mucha amabilidad, preguntándole el motivo de su viaje. Y Chamseddin le relató toda la historia, y le dijo que era hermano de su antiguo visir Nureddin. Y al oír el nombre de Nureddin exclamó el sultán: “¡Alah lo tenga en su. gracia!” Y añadió: “Efectivamente, Nureddin fue mi visir, y lo quise mucho, y murió hace quince años. Y dejó un hijo llamado Hassán Badreddin, que era mi favorito predilecto; mas un día desapareció, y no hemos vuelto a saber de él. Pero en Bassra está todavía su madre, la esposa de tu hermano, e hija de mi antiguo visir, el antecesor de Nureddin.
Esta noticia -colmó de alegría a Chamseddin, que dijo: “¡Oh rey! ¡Quisiera ver a mi cuñada!” Y el rey lo consintió.
Chamseddin corrió a casa de su difunto hermano inmediatamente después de haber averiguado las señas. Y no tardó en llegar, pensando durante todo el camino en Nureddin, muerto lejos de él, con la tristeza de no poder abrazarle. Y llorando, recitó estas dos estrofas:
¡Oh! ¡Vuelva yo a la morada de mis antiguas noches! ¡Logre yo besar sus paredes!
¡Pero no es el amor a estos muros de la casa querida el que me ha herido en mitad del corazón, sino el amor al que en ella vivía!
Atravesó Chamseddin la puerta principal, llegando a un gran patio, en cuyo fondo se alzaba la morada. La puerta era una maravilla de arcadas de granito, embellecida con marmoles de todos los colores. En el umbral, sobre una magnífica losa de mármol, vio el nombre de su hermano Nureddin grabado con letras de oro. Se inclinó para besar aquel nombre, y se afectó mucho, recitando estas estrofas:
¡Todas las mañanas pido noticias suyas al sol que sale! ¡Y todas las noches se las pido al relámpago que brilla!
¡Cuando duermo, hasta cuando duerma, el deseo, el aguijón del deseo, el peso del deseo, la sierra afilada del deseo, trabaja en mí! ¡Y nunca clamó estos dolores!
¡Oh dulce amigo! ¡No prolongues más la dura ausencia! ¡Mi corazón está destrozado, cortado en pedazos, por el dolor de esta ausencia!
¡Oh! ¡Qué día bendito, qué día tan incomparable sería aquel en que al fin pudiéramos reunirnos!
¡Pero no temas que por tu ausencia se haya llenado mi corazón con el amor de otro! ¡Mi corazón no es bastante grande para encerrar otro amor!