西班牙语阅读《一千零一夜》连载十二
来源:文国网 时间:2008年04月01日 11:52
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Pero la dama, después de examinar algunas telas, que no le parecieron bastante lujosas, dijo a Badreddin: “¿No tendrías por casualidad una pieza de seda blanca tejida con hilos de oro puro?” Y Badreddin fue al fondo de la tienda, abrió un armario pequeño, y de un montón de varias piezas de tela sacó una de seda blanca, tejida con hilos de oro puro, y luego la desdobló delante de la joven. Y ella la encontró muy a su gusto y a su conveniencia, y le dijo al mercader: “Como no llevó dinero encima, creo que me la podré llevar, como otras veces, y en cuanto llegue a casa te enviaré el importe,” Pero el mercader le dijo: “¡0h mi señora! No es posible por esta vez, porque esa tela no es mía, sino del comerciante que está ahí sentado, y me he compromentido a pagarle hoy mismo;” Entonces sus ojos lanzaron miradas de indignación, y dijo: “Pero desgraciado, ¿no sabes que tengo la costumbre de comprarte las telas más caras y pagarte más de lo que me pides. ¿No sabes que nunca he dejado de enviarte su importe inmediatamente?” Y el mercader contestó: “Ciertamente, ¡oh mi señora! Pero hoy tengo que pagar ese dinero en seguida.” Y entonces la dama cogió la pieza de tela, se la tiró a. la cara al mercader, y le dijo: “¡Todos sois lo mismo en tu maldita corporación!” Y levantándose airada, volvió la espalda para salir.
Pero yo comprendí que mi alma se iba con ella, me levanté apresuradamente y le dije: “¡Oh mi señora! Concédeme la gracia de volverte un poco hacia mí y desandar generosamente tus pasos.” Entonces ella volvió su rostro hacia donde yo estaba, sonrió discretamente, y me dijo: “Consiento en pisar otra vez esta tienda, pero es sólo en obsequio tuyo.” Y se sentó en la tienda frente a mí. Entonces, volviéndome hacia Badreddin, le dije: “¿Cuál es el precio de esta tela?” Badreddn contestó: “Míl cien dracmas.” Y yo repuse: “Está bien, Te pagaré además cien dracmas de ganancia. Trae un papel para que te de el precio por escrito.” Y cogí la pieza de seda tejida con oro, y a cambio le di el precio por escrito, luego entregué la tela a la dama, diciéndole: “Tómala, y puedes irte sin que te preocupe el precio, pues ya me lo pagaras cuando gustes. Y para esto te bastará venir un día entre los días a buscarme en el zoco, donde siempre estoy sentado en una o en otra tienda. Y si quieres honrarme aceptándola como homenaje mío, te pertenece desde ahora.” Entónces me contestó: “¡Alah te lo premie con toda clase de favores! ¡Ojalá alcances todas las riquezas que me pertenecen, convirtiéndote en mi dueño y en corona de mi cabeza! ¡Así oiga Alah mi ruego!” Y yo le repliqué: “¡Oh señora mía, acepta, pues, esta pieza de seda! ¡Y que no sea esta sola! Pero te ruego que me otorgues el favor de que admire un instante el rostro que me ocultas.” Entonces se levantó el finísimo velo que le cubría la parte inferior de la cara y no dejaba ver más que los ojos.
Y vi aquel rostro de bendición, y esta sola mirada bastó para aturdirme, avivar el amor en mi alma y arrebatarme la razón. Pero ella se apresuró a bajar el velo, cogió la tela, y me dijo: “¡Oh dueño mío, que no dure mucho tu ausencia, o moriré desolada!” Y después se marchó. Y yo me quedé solo con el mercader hasta la puesta del sol.
Y me hallaba como si hubiese perdido la razón y el sentido, dominado en absoluto por la locura de aquella pasión tan repentina. Y la violencia de este sentimiento hizo que me arriesgase a preguntar al mercader respecto a aquella dama. Y antes de levantarme para irme, le dije: “¿Sabes quién es esa dama?” Y me contestó: “Claro que sí. Es una dama muy rica. Su padre fue un emir ilustre, que. murió, dejándole muchos bienes y riquezas.”