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西班牙语阅读《一千零一夜》连载十二
来源:文国网 时间:2008年04月01日 11:52      文章评论我来评论        进入社区

¡Deja a ese hombre y levántate!”, Y el cristiano se levantó. Entonces el guarda del zoco se acercó al jorobado, que se hallaba tendido en el suelo, lo examinó, y vio que estaba muerto. Y gritó enton­ces: “¿Cuándo se ha visto que un nazareno tenga la audacia de golpear a un musulmán y matarlo? Y el guarda se apoderó del nazareno, le ató las manos a la espalda y le llevó a casa del walí. Y el nazareno, se lamentaba y decía: “¡Oh Mesías, oh Virgen! ¿Cómo habré podido matar a ese hombre? ¡Y qué pronta ha muerto, sólo de un puñetazo! Se me pasó la borrachera, y ahora viene la reflexión.”

Llegados a casa del walí, el naza­reno y el cadáver del jorobado que­daron encerrados toda la noche, has­ta que él walí se despertó por la ma­ñana. Entonces el walí interrogó al nazareno, que no pudo negar los hechos referirlos por el guarda, del zoco. Y el walí no pudo hacer otra cosa que condenar a muerte a aquel, nazareno que había matado a un musulmán. Y ordenó que el porta­alfanje pregonara por toda la ciudad la sentencia de muerte del corredor nazareno. Luego mandó que levan­tasen la horca y se llevasen a ella al sentenciado.
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Entonces se acercó el portaalfanje y preparó, la cuerda, hizo el nudo corredizo, se lo pasó al nazareno por el cuello, y ya iba a tirar de él, cuando de pronto el proveedor del sultán hendió la muchedumbre y abriéndose camino hasta el nazare­no, que estaba de pie junto a la horca, dijo al portaalfanje: “¡Deten­te! ¡Yo soy quien ha matado a ese hombre!” Entonces el walí le pre­guntó: “¿Y por qué le mataste?” Y el intendente dijo: “Vas a saberlo. Esta noche, al entrar en mi casa, advertí que se había metido en ella descolgándose por la terraza, para robarme las provisiones. Y le di un golpe en el pecho con un palo, y en seguida le vi caer muerto. Enton­ces le cogí a cuestas y le traje al zoco, dejándole de pie arrimado contra una tienda en tal sitio y en tal esquina. Y he aquí que ahora, con mi silencio iba a ser causa de que matasen a este nazareno, después de haber sido yo quien mató a un musulmán. ¡A mí, pues, hay que ahorcarme!”

Cuando el walí hubo oído las pala­bras del proveedor, dispuso que sol­tasen al nazareno, y dijo al porta­alfanje: “Ahora mismo ahorcarás a este hombre, que acaba de confesar su delito.”

Entonces el portaalfanje cogió la cuerda que había pasado por el cue­llo del cristiano y rodeó con ella el cuello del proveedor, lo llevó juntó al patíbulo, y lo iba a levantar en el aire, cuando de pronta el médico judío atravesó la muchedumbre, y dijo a voces al portaalfanje: “¡Aguar­da! ¡El única culpable soy yo!” Y después contó así la cosa: “Sabed todos que este hombre me vino a buscar para consultarme, a fin de que lo curara. Y cuando yo bajaba la escalera para verle, como era de noche, tropecé, con él y rodó hasta lo último de la escalera, convirtién­dose en un cuerpo sin alma. De modo que no deben matar al pro­veedor, sino a mí solamente. Entonces el walí dispuso la muerte del médico judío. Y el portaalfanje quitó la cuerda del cuello del pro­veedor y la echó al cuello del médico judío, cuando se vio llegar al sastre, que, atropellando a todo el mundo, dijo: “¡Detente! Yo soy quien lo maté. Y he aquí lo que ocurrió. Salí ayer de paseo y regresaba a mi casa al anochecer. En el camino encontré a este jorobado, que estaba borracho y muy divertido, pues llevaba en la mano una pandereta y se acompa­ñaba con ella cantando de una ma­nera chistosísma. Me detuve para contemplarle y divertirme, y tanto me regocijó, que lo convidé a comer en mi casa. Y compré pescado entre otras cosas„ y, cuando estábamos comiendo, tomó mi mujer un trozo de pescado, que colocó en otro de pan, y se lo metió todo en la boca a este hombre y el bocado le ahogó, muriendo en el acto. Entonces lo cogimos entre mi mujer y yo y lo lle­vamos a casa del médico judío. Bajó a abrimos un negra, y yo le dije lo que le dije. Después le di un cuarto de dinar para su amo. Y mien­tras ella subía, agarré en seguida al jorobado y lo puse de pie contra el muro de la escalera, y yo y mi mujer nos fuimos a escape. Entre­tanto, bajó el médico judío para ver al enfermo; pero tropezó con el joro­bado, que cayó en tierra, y el judío creyó que lo había matado él.”
作者:katya
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