西班牙语阅读《一千零一夜》连载十三
来源:文国网 时间:2008年04月01日 12:00
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PERO CUANDO LLEGÓ LA 27a NOCHE
Ella dijo:
He llegado a saber, ¡oh rey afortimado! que cuando el rey de la China dijo: “Voy a mandar que os ahorquen a todos”, el intendente dio un paso, prosternándose ante el rey, y dijo: “Si me lo perinítes, te contaré una historia que ha ocurrido hace pocos días, y, que es más sorprendente y maravillosa que la del jorobado. Si así lo crees después de haberla oído, nos indultarás a todos.” El rey de la China dijo: “¡Así sea!” Y el intendente contó lo que sigue:
RELATO DEL INTENDENTE DEL REY DE LA CHINA
“Sabe, ¡oh rey de los siglos y del tiempo! que la noche última me convidáron, a una comida de boda, a la cual asistían los sabios versados en el libro de la Nobleza. Terminada la lectura del Corán, se tendió el mantel, se colocaron los manjares y se trajo todo lo necesario para el festín. Pero entre otros comestibles, había un plato de arroz preparado con ajos que se llama rozbaja, y que es delicioso si está en su punto el arroz y se han dosificado bien los ajos y especias que lo sazonan. Todos empezamos a comerlo con gran apetito excepto uno de los convidados, que se negó rotundamente a tocar este plato de rozbaja. Y como le instábamos a que lo probase, juró que no haría tal cosa. Entonces repetimos nuestro ruego, pero él nos dijo: “Por favor, no me apremiéis de ese modo. Bastante lo pagué una vez que tuve la desgracia de probarlo.” Y recitó esta, estrofa:
¡Si no quieres tratarte con el que fue tu amigo y deseas evitar su saludo, no pierdas el tiempo en inventar estratagemas: huye de él!
Entonces no quisimos insistir más. Pero le preguntamos: “¡Por Alah! ¿Cual es la causa que te impide probar este delicioso plato de rozbaja?” Y contestó: “He jurado no comer rozbaja sin haberme lavado las manos cuarenta veces seguidas con sosa, otras cuarenta con potasa y otras cuarenta con jabón, o sean ciento veinte veces.”
Y el dueño de la casa mandó a los criados que trajesen inmediatamente agua y las demás cosas que había pedido el convidado. Y después de lavarse se sentó de nuevo el convidado, y aunque no muy a gusto, tendió la mano hacia el plato en que todas comíamos, y trémulo y vacilante empezó a comer. Mucho nos sorprendió aquello, pero más nos sorprendió cuando al mirar su mano vimos que sólo tenía cuatro dedos, pues carecía del pulgar. Y el convidado no comía más que con cuatro dedos. Entonces le dijimos: “¡Por Alah sobre ti! Dinos por qué no tienes pulgar. ¿Es una deformidad de nacimiento, obra de Alah, o has sido víctima de algún accidente?”
Y entonces contestó: “Hermanos, aún no lo habéis visto todo. No me falta un pulgar, sino los dos, pues tampoco le tengo en la mano izquierda. Y además, en cada pie me falta otro dedo. Ahora lo vais a ver.” Y nos enseñó la otra mano, y descubrió ambos pies, y vimos que efectivamente, no tenía más que cuatro dedos en cada uno. Entonces aumentó, nuestro asombro, y le dijimos: “Hemos llegado al límite de la impaciencia, y deseamos averiguar la causa de que perdieras los dos pulgares y esos otros dos dedos de los pies, así como el motivo de que te hayas lavado las manos ciento veinte veces seguidas.” Entonces nos refirió lo siguiente: