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西班牙语阅读《一千零一夜》连载二十九
来源:文国网 时间:2008年04月15日 01:25      文章评论我来评论        进入社区

PERO CUANDO LLEGÓ LA 312 NOCHE


Ella dijo:

... un tronco de caballos de la más pura raza árabe.

Entonces me vi obligado a partir contra mi gusto aquella vez, y me embarqué en una nave que salía de Bassra.
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Tanto nos favoreció el Destino, que a los dos meses, día tras día, lle­gamos a Serendib con toda seguridad. Y me apresuré a llevar al rey la carta y los obsequios del Emir de los Creyentes.

Al verme, se alegró y satisfizo el rey, quedando muy complacido de la cortesía del califa. Quiso entonces retenerme a su lado una larga tem­porada; pero yo no accedí a quedar­me más que el tiempo preciso para descansar. Después de lo cual me despedí de él, y colmado de consi­deraciones y regalos, me apresuré a embarcarme de nuevo para tomar el camino de Bassra, por donde ha­bía ido. 西语阅读

Al principio nos fue favorable el viento, y el primer sitio a que arri­bamos fue una isla llamada la isla de Sin. Y realmente, hasta entonces habíamos estado contentísimos, y du­rante toda la travesía hablábamos unos con otros, conversando tran­quila y agradablemente acerca de mil cosas.

Pero un día, a la semana después de haber dejado la isla, en la cual los mercaderes habían hecho varios cambios y compras, mientras está­bamos tendidos tranquilos, como de costumbre, estalló de pronto sobre nuestras cabezas una tormenta terri­ble y nos inundó una lluvia torren­cial. Entonces nos apresuramos a tender tela de cáñamo encima de nuestros fardos y mercancías para evitar que el agua los estropease, y empezamos a suplicar a Alah, que alejase el peligro de nuestro camino. 
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En tanto permanecíamos en aque­lla situación, el capitán del buque se levantó, apretóse el cinturón a la cintura, se remangó las mangas y la ropa, y después subió al palo mayor, desde el cual estuvo mirando bastante tiempo a derecha e izquier­da. Luego bajó con la cara muy amarilla, nos miró con aspecto com­pletamente desesperado, y en silen­cio empezó a golpearse el rostro y a mesarse las barbas. Entonces corri­mos hacia él muy asustados y le preguntamos: “¿Qué ocurre?” Y él contestó: “¡Pedidle a Alah que nos saque del abismo en que hemos caí­do! ¡Oh más bien, llorad por todos y despedíos unos de otros! ¡Sabed que la corriente nos ha desviado de nuestro camino, arrojándonos a los confines de los mares del mundo!”

Y después de haber hablado así, el capitán abrió un cajón, y sacó de él un saco de algodón, del cual ex­trajo polvo que parecia ceniza. Mo­jó el polvo con un poco de agua, esperó algunos momentos, y se puso luego a aspirar aquel producto. Des­pués sacó del cajón un libro peque­ño, y leyó entre dientes algunas pá­ginas, y acabó por decimos: “Sabed, ¡oh pasajeros! que el libro prodigioso acaba de confirmar mis suposicio­nes. La tierra que se dibuja ante nos­otros en lontananza, es la tierra conocida con el nombre de Clima de los Reyes. Ahí se encuentra la tum­ba de nuestro señor Soleimán ben­-Daúd (¡con ambos la plegaria y la paz!) Ahí se crían monstruos y ser­pientes de espantable catadura. Ade­más, el mar en que nos encontriamos está habitado por monstruos marinos que se pueden tragar de un bocado los navíos mayores con car­gamento y pasajeros! ¡Ya estáis avi­sados! ¡Adiós!” 西语阅读 西语阅读

Cuando oímos estas palabras del capitán, quedamos de todo punto es­tupefactos, y nos preguntábamos qué espantosa catástrofe iría a pasar, cuando de pronto nos sentimos le­vantados con barco y todo, y des­pués hundidos bruscamente, mien­tras se alzaba del mar un grito.más terrible que el trueno. Tan espanta­dos qudamos que dijimos nuestra última oracion, y permanecimos iner­tes como muertos. Y de improviso vimos que sobre el agua revuelta y delante de nosotros, avanzaba hacia el barco un monstruo tan alto y tan grande como una montaña, y des­pués otro.monstruo mayor, y detrás otro tan enorme como los dos jun­tos. Este último brincó de pronto por el mar, que se abría como una sima, mostró una boca más profunda que un abismo, y se tragó las tres cuar­tas partes del barco con cuanto con­tenía. Yo tuve el tiempo justo para retroceder hacia lo alto del buque y saltar al mar, mientras el monstruo acababa de tragarse la otra cuarta parte, y desaparecía en las profun­didades con sus dos compañeros. 西语阅读

Logré agarrarme a uno de los ta­blones que habían saltado del barco al darle la dentellada el monstruo marino, y después de mil dificultades pude llegar a una isla que afortuna­damente estaba cubierta de árboles frutales y regada por un río de agua excelente. Pero noté que la corriente del río era rápida hasta el punto de que el ruido que hacía oíase muy a lo lejos. Entonces, y al recordar co­mo me salvé de la muerte en la isla de las pedrerías, concebí la idea de construir una balsa igual a la anterior y dejarme llevar por la corriente. En efecto, a pesar de lo agradable de aquella isla nueva, yo pretendía vol­ver a mi país. Y pensaba: “Si logro salvarme, todo irá bien, y haré voto de no pronunciar siquiera la palabra viaje, y de no pensar en tal cosa du­rante el resto de mi vida. ¡En cam­bio, si perezco en la tentativa, todo irá bien asimismo, porque acabaré definitivamente con peligros y tribu­laciones.”

Me levanté, pues, inmediatamente, y después de haber comido alguna fruta, recogí muchas ramas grandes cuya,especie ignoraba entonces, aun­que luego supe eran de sándalo, de la calidad más estimada por los mer­caderes, a causa de su rareza. Des­pués empecé a buscar cuerdas y cor­deles, y al principio no los encontré; pero vi en los árboles unas plantas trepadoras y flexibles, muy fuertes, que podían servirme. Corté las que me hicieron falta, y las utilicé para atar entre sí las ramas grandes de sándalo. Preparé de este modo una enorme balsa, en la cual coloqué fru­ta en abundancia, y me embarqué diciendo: “¡Si me salvo, lo habrá querido Alah!”

Apenas subí a la balsa Y me hube separado de la orilla, me vi arras­trado con una rapidez espantosa por la corriente, y sentí vértigos, y caí desmayado encima del montón de fruta exactamente igual que un pollo borracho.
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Al recobrar el conocimiento, miré a mi alrededor, y quedé más inmó­vil de espanto que nunca, y ensorde­cido por un ruido como el del true­no. El río no era más que un to­rrente de espuma hirviente, y más veloz que el viento, que chocando con estrépito contra las rocas, se lan­zaba hacia un precipicio que adivi­naba yo más que veía. ¡Indudable­mente iba a hacerme pedazos en él, despeñándome sabe quién desde qué altura!

Ante esta idea aterradora, me aga­rré con todas mis fuerzas a las ra­mas de la balsa, y cerré los ojos ins­tintivamente para no verme aplasta­do y destrozado, e invoqué el nom­bre de Alah antes de morir. Y de pronto, en vez de rodar hasta el abis­mo, comprendí que la balsa se para­ba bruscamente encima del agua, y abrí los ojos un minuto por saber a qué distancia estaba de la muerte, y no fue para verme estrellado contra los peñascos, sino cogido con mi bal­sa en una inmensa red, que unos hombres echaros sobre mí desde la ribera. De esta suerte me hallé co­gido y llevado a tierra, y allí me sacaron o vivo y medio muerto de entre las mallas de la red, en tan­to transportaban a la orilla mi balsa. Mientras yo permanecía tendido, inerte y tiritando, se adelantó hacia mí un venerable jeique de barbas­ blancas, que empezó por desearme la bienvenida, y por cubrirme- con ropa caliente que me sentó muy bien. Reanimado ya por las fricciones y el masaje que tuvo la bondad de darme el anciano, pude sentarme, pero sin recobrar todavía el uso de la palabra. 西语阅读

Entonces el anciano me cogió del brazo, y me llevó suavemente al hammam, en donde me hizo tomar un baño excelente que acabó de res­tituirme el alma; después me hizo aspirar perfumes exquisitos y me los echó por todo el cuerpo, y me llevó a su casa.

Cuando entré en la morada de aquel anciano, toda su familia se alegró mucho de mi llegada, y me re­cibió con gran cordialidad y demos­traciones amistosas. El mismo ancia­no hizome áentar en medio del di­ván de la sala de recepcion, y me dio a comer cosas de primer orden, y a beber un agua agradable perfu­mada con flores. Después quemaron incienso a mi alrededor, y los escla­vos me trajeron agua caliente y aromatizada para lavarme las manos, y me presentaron servilletas ribeteadas de seda, para secarme los dedos las barbas y la boca. Tras de lo cual el anciano me llevó a una habitación muy bien amueblada, en donde que­dé solo, porque se retiró con mucha discreción. Pero dejó a mis órdenes varios esclavos que de cuando en cuando iban a verme por si necesitaba sus servicios.

Del propio modo me trataron du­rante tres días, sin que nadie me in­terrogase ni me dirigiera ninguna pregunta, y no dejaban que careciese de nada, cuidándome con mucho es­mero, hasta que recobré completa­mente las fuerzas, y mi alma y mi corazón se calmaron y refrescaron. Entonces, o sea la mañana del cuar­to día, el anciano se sentó a mi lado, y después de las zalemas, me dijo: “¡Oh huésped, cuanto placer y sa­tisfacción hubo de proporcionarnos tu presencia! ¡Bendito sea Alah, que nos puso en tu camino para salvar­te del abismo! ¿Quién eres y de dón­de vienes?” Entonces di muchas gra­cias al anciano por el favor enorme que me había hecho salvándome la vida y luego dándome de comer ex­celentemente, y de beber excelentemente, y perfumándome excelente­mente, y le dije: “.¡Me llamo Sindbad el Marino! ¡Tengo este sobrenombre a consecuencia de mis grandes viajes por mar y de las cosas extraordína­rías que me ocurrieron, y que si se escribieran con agujas en el ángulo de un ojo, servirían de lección a los lectores atentos!” Y le conté al an­ciano mi historia desde el principio hasta el fin, sin omitir detalle. 西语阅读

Quedó prodigiosamente asombra­do entonces el jeique, y estuvo una hora sin poder hablar, conmovido por lo que acababa de oír. Luego le­vantó la cabeza, me reiteró la expre­sión de su alegría por haberme so­corrido, y me dijo: “¡Ahora, ¡oh huésped mío! si quisieras oír mi con­sejo, venderías aquí tus mercancías, que valen mucho dinero por su ra­reza y calidad!”

Al oír las palabras del viejo, llegué al límite del asombro, y no sabiendo lo que quería decir ni de qué mer­cancías hablaba, pues yo estaba des­provisto de todo, empecé por callar­me un rato, y como de ninguna ma­nera quería dejar escapar una oca­sion extraordinaria que se presenta­ba inesperadamente, me hice el enterado, y conteste: “¡Puede que sí!” Entonces el anciano me dijo: “No te preocupes, hijo mío, respecto a tus mercaderías. No tienes más que levantarte y acompañarme al zoco. Yo me encargo de todo lo demás. Si la mercancía subastada produce un precio que nos convenga, lo acep­taremos; si no, te haré el favor de conservarla en mi almacén hasta que suba en el mercado. ¡Y en tiempo oportuno podremos sacar un precio más ventajoso!”

Entonces quedé interiormente cada vez más perplejo; pero no lo di a entender, sino que pensé: “¡Ten paciencia, Sindbad, y ya sabrás de qué se trata!” Y dije al anciano: “¡Oh mi venerable tío, escucho y obedezco! ¡Todo lo que tú dispongas me parecerá lleno de bendición! ¡Por mi parte, después de cuanto por mí hiciste, me conformaré con tu vo­luntad!” Y me levanté inmediata­mente y le acompañé al zoco.
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Cuando llegarnos al centro del zoco en que se hacía la subasta pública, ¡cuál no sería mi asombro al ver mi balsa transportada allí y rodeada de una multitud de corredores y merca­deres qué la miraban con respeto y moviendo la cabeza! Y por todas partes oía exclamaciones de admira­cion: “¡Ya Alah! ¡Qué maravillosa calidad de sándalo! ¡En ninguna par­te del mundo la hay mejor!” Enton­ces comprendí cuál era la mercancía consabida, y creí conveniente para la venta tornar un aspecto digno y reservado.

Pero he aquí que en seguida, el anciano protector mío, aproximan­dose al jefe de los corredores, le di­jo: “¡Empiece, la subasta!” Y se em­pezó con el precio de mil dinares por la balsa. Y el jefe corredor ex­clamó: “¡A mil dinares la balsa de sándalo, ¡oh compradores! Entonces gritó él anciano: “¡La compro en dos rnil!” Y otro gritó: “¡En tres mil!” Y los mercaderes siguieron su­biendo el precio hasta diez mil dina­res. Entonces se encaró conmigo el jefe de los corredores y me dijo: “¡Son diez mil; ya no puja nadie!” Y yo dije: “¡No la vendo en ese precio!”

Entonces mi protector se me acer­có y me dijo: “¡Hijo mío, el zoco, en estos tiempos, no anda muy prós­pero, y la mercancía ha perdido al­go de su valor! Vale más que acep­tes el precio que te ofrecen. Pero yo, si te parece, voy a pujar otros cien dinares más. ¿Quieres dejármelo en diez mil cien dinares?” Yo contesté: “ ¡Por Alah! mi buen tío, sólo por ti lo hago para agradecer tus benefi­cios. ¡Consiento en dejártelo por esa cantidad!” Oídas estas palabras, el anciano mandó a sus esclavos que transportaran todo el sándalo a sus almacenes de reserva, y me llevó a su casa, en la cual me contó inme­diatamente los diez mil cien dinares, y los encerró en una caja sólida cu­ya llave me entregó, dándome enci­ma las gracias por lo que había hecho en su favor.
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Mandó en seguida poner el man­tel, y comimos, y bebimos, y charla­mos alegremente. Después nos lava­mos las manos y la boca, y por fin me dijo: “¡Hijo mío, quiero dirigirte una petición, que deseo mucho acep­tes!” Yo le contesté: “¡Mi buen tío, todo te lo concederé a gusto!” Él me dijo: “Ya ves, hijo mío, que he lle­gado a una edad muy avanzada sin tener hijo varón que pueda heredar un día mis bienes. Pero he de decirte que tengo una hija, muy joven aún, llena de encanto y belleza, que será muy rica cuando yo me muera. De­seo dártela en matrimonio siempre que consientas en habitar en nuestro país y vivir nuestra vida. Así serás el amo de cuanto poseo y de cuanto dirige mi mano. ¡Y me sustituirás en mi autoridad y en la posesión de mis bienes!”

Cuando oí estas palabras del an­cíano, bajé la cabeza en silencio y permanecí sin decir palabra. Entón­ces añadió: “¡Créeme, ¡oh hijo mío! que si me otorgas lo que te pido te atraerá la bendición! ¡Añadiré, para tranquilizar tu alma, que después de mi muerte podrás regresar a tu tie­rra, llevándote a tu esposa e hija mía! ¡No te exijo sino que perma­nezcas aquí el tiempo que me quede de vida!” Entonces contesté: “¡Por Alah, mi tío el jeique, eres como un padre para mi, y ante ti no puedo tener opinión ni tomar otra resolu­ción que la que te convenga! Porque cada vez que en mi vida quise eje­cutar un proyecto, no hube de sacar más que desgracias y decepciones. ¡Estoy, pues, dispuesto a conformar­me con tu voluntad!”

En seguida el anciano, extremada­mente contento con mi respuesta, mandó a sus esclavos que fueran a buscar al kadí y a los testigos, que no tardaron en llegar.. 西语阅读


En este momento de su narración, Schahrazada vio aparecer la maña­na, y se calló discretamente.

作者:katya
关键词: 西语阅读
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